En Silicon Valley: “Duermen en armarios por 400 dólares al mes” @LaAnet

Desde que arrancó la edad del silicio, abanderada desde el siglo pasado por empresas como Apple o Microsoft, Silicon Valley se ha convertido en la Meca de los emprendedores de todo el mundo, un fenómeno redimensionado en los últimos años a causa del efecto llamada generado a partir de casos de éxito como Facebook, replicados hasta la saciedad por los medios de comunicación de masas.

Sin embargo, en el valle no queda sitio para esta gran marea de emprendedores. El mercado de alquiler está colapsado y los alojamientos disponibles son tan caros que ningún joven se lo puede permitir. Hoy por hoy, el sueldo medio de los profesionales establecidos en Silicon Valley, que han copado la mayoría de alquileres del valle, alcanza cifras con las que no pueden competir los jóvenes que llegan a emprender a San Francisco.

Por eso la falta de alojamiento se ha convertido en un obstáculo. Primero, por falta de dinero: los emprendedores emigran con toda la ilusión del mundo, pero con pequeños ahorros. Además, su situación en Estados Unidos no es legal más allá de un visado temporal, circunstancia que no ofrece confianza a los caseros. En ese sentido, es normal que muchos jóvenes duerman en coches, aparcando en la calle, como le ocurrió a uno de los fundadores de Twitter, Evan Henshaw-Palth.

Una habitación por 1.200 dólares
El español Carlos de la Lama conoce de primera mano los problemas con que se encuentran los jóvenes emprendedores en Silicon Valley: él mismo los sufrió en sus propias carnes. El ingeniero de telecomunicaciones trabajó en Indra hasta los 35 años, pero en 2010 se cansó y decidió lanzar su propio negocio.

De repente, se convirtió en emprendedor, pero su primera sensación fue el vacío. Lo intentó en España con una aplicación de geolocalización, Yabo, pero no salió bien. Entonces, inspirado por las noticias que llegaban desde Silicon Valley, en diciembre de 2011 decidió probar suerte en Estados Unidos. No tardó en encontrarse con el problema del alojamiento.

“El alojamiento en Silicon Valley no solo es caro, sino también difícil de encontrar. Hay gente que duerme en coches, incluso emprendedores que alquilan armarios para dormir por 400 dólares al mes: les meten una cama dentro, yo lo he visto. Como mínimo, una habitación en el valle cuesta 1.200 dólares. Dormir es una necesidad fisiológica y se está convirtiendo en un problema, por eso la gente se conforma con alquilar un vestidor. El sueldo medio allí, en empresas como Facebook o Twitter, es de 150.000 dólares al año, y con eso ningún joven puede competir”, relata a Teknautas el propio Carlos de la Lama, que acaba de llegar a Madrid desde San Francisco para participar en el foro Españoles en Silicon Valley, que organiza Casa de América.

También para asistir al nacimiento de su segundo hijo: “El primero me dijo por primera vez papá por Skype, por eso quiero llevarme a mi familia a Estados Unidos. Antes no podía porque mi situación no estaba asegurada, pero las cosas ahora empiezan a ir bien”, apunta.

Un ‘hostel’ para emprendedores
En octubre de 2012, Carlos recogió todas sus frustraciones como emprendedor en Silicon Valley para convertirlas en una fortaleza. Fue entonces cuando fundó, junto con Jordi Valls Ribas, el primer hostel del valle especializado en emprendedores. Su nombre es Startup Embassy, cuenta de momento con doce camas y en poco más de un año ha acogido a quinientos jóvenes de 46 nacionalidades diferentes.

“Yo llegué a Silicon Valley de una manera un poco ingenua. No sabía nada y la primera sensación que tuve es que el país no me quería. Además, es una nación dura en cuestiones de inmigración. Llegué en Navidad, hacía frío, y al principio me quedé en casa de Xavier Verdaguer, un español muy conocido allí”, recuerda.

Después de tres semanas, se dirigió a una casa de hackers, pero no había sitio, así que el propio Verdaguer le ofreció su garaje. “Por la noche había cinco grados. Sobreviví con una manta eléctrica, hasta que tuve la oportunidad de alquilar una casa para seguir con la startup que había creado en España. Claro, no tienes número de la seguridad social, ni eres empleador. Además de que el mercado está colapsado, ¿quién en su sano juicio te va a alquilar una casa?”, subraya.

La idea de Startup Embassy llegó después de su segundo fracaso. Formó un equipo para lanzar la aplicación Yabo en Estados Unidos y alquiló una casa en Palo Alto por 7.000 dólares, cuyos gastos compartía con los trabajadores de la startup. Sin embargo, cuando llegó la hora del lanzamiento su equipo se plantó: “Me dijeron que si no les hacía cofundadores de la empresa no me daban el código. A mi me pareció un chantaje, así que decidí poner fin al proyecto”.

Entonces se encontró con una casa vacía, sin startup y sin dinero. Para salir del paso, se le ocurrió realquilar las habitaciones. “Empecé a traer a gente a casa, todos emprendedores, al principio amigos, o amigos de amigos. Después empezó a haber demanda y me di cuenta de que los emprendedores necesitaban algo así”, señala.

“Yo le llamo ‘coliving’”
En cuanto al precio, Startup Embassy maneja una tarifa de 50 dólares la noche y 300 dólares la semana. “Es una zona cara, en Palo Alto, pero el hotel más barato no baja de 100 dólares. La mentalidad que tengo es la de un negocio, pero ayudando a los emprendedores. Damos alojamiento, espacio de trabajo y creamos un ecosistema de startups, una especie de inmersión absouta. Yo le llamo coliving: a diferencia del coworking, donde pagas por una mesa: aquí hacemos eventos, barbacoas…”.

Además, el espacio está creciendo hasta tal punto que Startup Embassy está empezando a colaborar con incubadoras de empresas, incluso los inversores de Silicon Valley acuden para reunirse con los emprendedores: “Nos estamos planteando convertirlo en una franquicia, creemos que puede funcionar en otras ciudades”.

De momento, entre los casos de éxito surgidos en el hostel de Carlos de la Lama ya existe una startup que ha vendido su plataforma a Facebook. “Y también hay un joven indio que acaba de levantar 100.000 dólares en una ronda de financiación”. Sin embargo, la historia que más ha impactado al español es la de un joven japonés: “Llegó con 25 años y, de repente, le vi llorando. Me contó su historia. En Japón ganaba medio millón al año trabajando en el mundo financiero, pero su sueño era crear una startup. Su padre se había ido de csa y él pagaba la hipoteca y la universidad de sus dos hermanos pequeños. Esta gente está durmiendo en garajes, son muy nobles y asumen riesgos de verdad. Startup Embassy es algo sí como un colegio mayor de gente superdotada”.
[Via El confidencia]

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