El ‘captcha’, esa pesadilla tan necesaria

El formulario en la web estaba casi completado. Ya había rellenado todos los datos y por fin tocaba la guinda final: pulsar el botón ‘enviar’ y completar el registro. Pero en el momento menos esperado, ahí estaba: el temido ‘captcha’ con su jeroglífico indescifrable. Les suena la situación ¿verdad? El ‘captcha’ responde a Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart, o lo que es lo mismo, un sistema automatizado que bloquea el acceso indeseado de bots a las páginas de registro.

Toparse con él es tan frustrante como necesario. Es un trámite en el que cada usuario pierde unos valiosos segundos en una maniobra que puede resultar inútil, pero que sin ella, en realidad, no podríamos operar en la red. El ‘captcha’ es odiado, despierta iras y a buen seguro que estará detrás de muchas bajas en usuarios que han desistido a descifrar esa compleja ecuación que se les presenta en pantalla. Y sin embargo, hay un lado amable, del asunto. Este maquiavélico sistema para separar máquinas de humanos cuenta como artífice con un simpático guatemalteco que compensa con creces el molesto trance de demostrar a una máquina que uno es humano de carne y hueso. Si alguna vez ha pensado qué retorcida mente ha podido idear un método tan antipático, sepa que su hombre es Luis von Ahn, y en realidad es un genio que ha logrado mantener los ‘bots’ a raya y permitir la operatividad de millones de webs que de otra manera no podrían funcionar. reCaptcha, al servicio de la comunidad Pero von Ahn no se durmió en los laureles: tras lograr que la red mayoritariamente optara por su inexpugnable filtro (se estima que cerca de 200 millones de personas rellenan un ‘captcha’ al día), nuestro hombre dio un giro inesperado a su exitoso producto y bajo una premisa sorprendente. ¿Por qué no obtener algún tipo de rendimiento a esos diez segundos de media que cada persona dedica a rellenar su filtro? ¿Y si este rendimiento es en beneficio de la comunidad?

Había nacido reCaptcha. Ahora en vez de una palabra, los sufridos usuarios debían introducir dos, pero sin saberlo, estaban contribuyendo a digitalizar parte de los libros existentes en papel que los sistemas OCR de los ordenadores eran incapaces de descifrar. Cada persona resolvía, de esta manera, pequeños fragmentos que quedaban fuera del alcance de los procesadores con sus sofisticadas aplicaciones, demostrando al tiempo que eran humanos. Esta genial idea sedujo de forma irresistible a Google que acabó por adquirir el producto. Y cuando creíamos haberlo visto todo en este extraño tamiz que distingue a hombres y máquinas, un nuevo proyecto propone que el usuario resuelva un movimiento en ajedrez para demostrar que en su pecho late un corazón y no un chip. La idea está siendo utilizada ya en un foro para admitir las nuevas altas, pero no parece que vaya a contar con un uso muy extendido porque hay mucha gente que desconoce las reglas de ese juego, y que tampoco está dispuesta a perder el tiempo resolviendo partidas de ajedrez para rellenar un formulario.

[Via elConfidencial]

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