No hay hortera sin transistor #recuerdasLaAnet #Laanet

Los nuevos viejos tiempos ¿Te acuerdas?

Qué tiempos aquellos en los que la música, para llevarla de un sitio para otro, cuanta más fuerza… mejor, porque cuanto más grande el aparato para reproducirla, mayor era la importancia social que uno ostentaba en aquellos núcleos de amigos a los que se daba el nombre de pandilla.

Pero no adelantemos, porque antes de llegar a esos años 80 tardíos, se produjeron una serie de acontecimientos que se tradujeron en la aparición y boom del radiocasete.

radiocasetes

El nacimiento de este aparato fue paralelo al de las cintas en las que se contenía grabado (previamente o a posteriori) el audio. Corría el año 1963 y se podría decir que la pionera fue la compañía Philips.

En aquellos primeros años del artilugio, debido a que las cintas de casete no alcanzaban una calidad demasiado importante, o lo que es lo mismo, no llegaban a los vinilos a la suela de los zapatos, y no eran todavía grabables no obtuvieron el respaldo esperado en el mercado y, por ende, tampoco los aparatos reproductores.

El boom de FAMA
Sin duda esa década de los años 80 fueron fundamentales para el radiocasete. La moda, como casi siempre, llegó del otro lado del charco a través de series como la archiconocida FAMA. Era 1983 (año en que se emitió en España por vez primera) y quién no recuerda aquellos enormes aparatos de música que hacían bailar a sus protagonistas.

Para ser justos, antes de esto, ya existía algún tipo de reproductores que se abrían mercado en aquellos años de la transición. Sin embargo, el boom comenzó con la popularización de algunas series televisivas como la mencionada.

El tamaño sí importa
Precisamente el tamaño del radiocasete era de gran importancia. En los hogares españoles con hijos adolescentes, no era extraño que se acumularan más de dos artilugios y siempre uno de ellos más grande ¡Muy grande!

La frase “no hay hortera sin transistor” es ya de los años 90, cuando como marcan los cánones sociales de la juventud de cada momento, una moda pasa de largo excepto para unos pocos que, en este caso concreto, se resistían a abandonar las bondades, el tamaño y el peso al hombro del radiocasete a todo volumen.

radioraheem

Pilas por doquier
Uno de los elementos que acompañaban sí o sí a aquellos inmensos aparatos eran las pilas y del tamaño más grandes, acordes con el propio artilugio al que alimentaban. Por entonces todavía no habían llegado al mercado español (aunque sí al americano) las que “duran y duran”, de ahí que una parte de ‘la paga’ tuviera que destinarse a ellas.

Una novedad que, a su vez, supuso un avance en los radiocasetes eran los de doble pletina que permitían la grabación sincronizada de lo que se reproducía en una de ellas. Era un momento en que las cintas ofrecían mayor calidad de sonido. El invento transformó el tamaño de los radiocasetes que para transportarlos casi se necesitaban dos personas. Eso sí, la potencia de sonido también se incrementó casi de manera proporcional.

De lo grande a lo pequeño
Es verdad que cuando apareció el primer radiocasete supuso todo un avance puesto que significó (tras el comediscos) el poder llevar la música a cualquier parte y de manera cómoda, a pesar del tamaño. Por entonces, sus dimensiones se consideraban ligeras (no hay que olvidar que el walkman, del que ya hablaremos, apareció en 1979).

Sin embargo, la evolución de este tipo de aparatos reproductores de audio utilizados especialmente para escuchar música, se ha centrado, según la tecnología usada, en la reducción de su tamaño.

De este modo, a aquellos radiocasetes iniciales, a los que siguieron los de doble pletina, se pasó al Discman y a los actuales mp3 con sus sucesivos número que permiten trasladar la música de un sitio para otro sin necesidad de haber ido al gimnasio por partida doble: para llevar el radiocasete y las cintas para reproducir en él.

Nada mejor para conocer cómo eran y las dimensiones que tenían los ‘loros’ que marcaron a toda una generación que observar una escena mítica de Do The Right Thing (Haz lo que debas) de Spike Lee en la que Radio Raheem va a comprar pilas ¡muuuchas pilas! para su ‘pequeño’ radiocasete. Eran otros tiempos, sin duda.

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