WhatsApp, Telegram, LINE… el guirigay de las ‘apps’ de mensajería @LaAnet

La que se ha liado a raíz de la keynote de Apple del pasado lunes. Como recordarán, entre toda la cacharrería de novedades en torno a las plataformas de la casa, la firma vitaminó de una forma contundente iMessage, su aplicación de mensajería para OS X e iOS. No se trataba de un leve restyling de la aplicación, sino de la incorporación de una serie de mejoras que situaban el servicio a la altura de WhatsApp, el rey indiscutible entre las apps de mensajería.

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Ya se sabe, después de un elogio continuado de casi dos horas y terminar Tim Cook al borde de la lágrima en agradecimiento al esfuerzo de los desarrolladores, la casa no tiene empacho en fagocitar una de sus apps estrella y presentar las mejoras de iMessage como algo revolucionario. No es la primera vez que sucede, pero terminada la demostración del producto, a todo el mundo le vino a la cabeza WhatsApp.

La historia habría terminado ahí y en unos pocos días a prácticamente nadie le interesaría ya el efecto de la apisonadora de los de Cupertino, y de hecho, la aplicación creada por Jan Koum y compañía seguiría siendo el referente en materia de mensajería e iMessage, un producto de nicho para los equipos de la manzana.

Sin embargo, y ahora que hablamos del cofundador de WhatsApp, el ucraniano perdió una ocasión de oro para no decir nada o al menos arrimar el ascua a su sardina, pero no, ya se sabe que Twitter es un arma incendiaria y no pudo resistirse a escribir en su cuenta: “muy halagados al descubrir que Apple ha tomado prestadas muchas de las funciones de WhatsApp en iMessage”. O dicho de otra manera, la pataleta de quien se ha sentido copiado, y con razón. Pero el emprendedor no cayó en la cuenta de que sin quererlo había otorgado mucho más peso a iMessage del que realmente tiene.

Lo que les faltaba a algunos para animarse: la red se llenó de artículos en los que se destacaba la indignación de Koum y poniendo en evidencia que Apple había copiado muchas de las funcionalidades de su producto, algo que todo el mundo había atestiguado, pero que en realidad no afecta para nada la imagen de la firma.

¿Quién vence en la batalla por los mensajes?
Esta mejora notable en la aplicación ha puesto de nuevo la lupa sobre este peculiar servicio que sentenció a una muerte segura al SMS: ¿qué aplicaciones se usan realmente? En este sentido, contemplamos atónitos a principios de año de la brutal entrada de Telegram en el mercado: se convirtió en pocos días en la aplicación de chat más descargada en las diferentes tiendas, y bajo la bandera de la seguridad y el open source por un momento algunos vieron peligrar los sólidos cimientos de WhatsApp.

En su momento ya pusimos en entredicho esta posibilidad ya que el servicio de Koum jugaba con la baza de ser los primeros y acumular un número de usuarios suficiente como para convertirse en estándar entre los usuarios. Y parece que el paso de los meses ha confirmado este extremo. Salvo LINE y WhatsApp, el resto de servicios de mensajería no hace mucho ruido a la hora de publicitar su número de usuarios activos y en este sentido, nos interesaba mucho conocer la realidad del recién llegado obra del magnate ruso Pavel Durov: la última cifra oficial la encontramos en marzo: 35 millones de usuarios activos según la cuenta oficial de Twitter de Telegram.

¿Mucho? Depende de la perspectiva: si consideramos que vio la luz a finales de 2013 se puede hablar de crecimiento espectacular, pero si tenemos en cuenta que se está batiendo el cobre con WhatsApp (500 millones de usuarios medidos en abril) y LINE (400 millones de usuarios activos), los registros de los rusos suenan a broma.

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¿Hasta qué punto es importante el número de usuarios activos en un servicio de mensajería? Realmente, en este tipo de productos no importa ni el segundo ni el tercero, sino el que ostenta la primera posición: WhatsApp se ha convertido en un estándar y será difícil, salvo catástrofe o mejora competitiva determinante de alguno de sus rivales, que pierda esta posición.

Un servidor ha vivido la emoción de la fuerza con la que comenzaron sus rivales, LINE primero y Telegram después, e incluso llegué a crear algo que cada vez se ve con más frecuencia: una carpeta con todas las aplicaciones de chat. Aquello fue una prueba que duró poco tiempo. Con el paso de las semanas comprobé que tanto LINE como Telegram únicamente me notificaban nuevas altas o alguna incidencia aislada, pero quien realmente quería ponerse en contacto conmigo lo hacía mediante WhatsApp.

Ese fue el día en el que decidí desinstalar el resto y rendirme a la evidencia: estar en WhatsApp era una necesidad, pero en el resto era casi un capricho. ¿Quiere esto decir que LINE o Telegram no cuentan con usuarios activos? Ni de lejos, de hecho Telegram se ha hecho fuerte en nuestro país y goza de mucho éxito, algo semejante al cosechado por LINE en Asia. Pero la perspectiva nos la da de nuevo los datos globales: GigaOM recogió los datos de uso de las aplicaciones de mensajería (finales de 2013) y WhatsApp se había coronado como la más utilizada en todo el globo, y atentos al dato, superando al Messenger de Facebook, y como recordarán el gigante de Mark Zuckerberg se hizo con WhatsApp en una de las adquisiciones más sonadas del momento.

Así las cosas, el guirigay montado en torno a las aplicaciones de mensajería es considerable, y se trata sin duda de una carrera de fondo en la que dos elementos irán depurando los ganadores finales: la retención de usuarios y la capacidad de monetizarlos por parte de los desarrolladores. Fijándonos en estos dos aspectos, WhatsApp era ya un negocio boyante antes de ser adquirido por Facebook, obteniendo generosos ingresos mediante la venta de las aplicaciones en las distintas plataformas, mientras que LINE hacía lo propio a través de la venta dentro de la app (stickers y demás parafernalia que entusiasma a los usuarios en especial de Asia).

Pero… ¿y Telegram? Durov presentó su producto como algo sin ánimo de lucro y en definitiva, sin planes de ingresar un solo euro por su uso o descarga. ¿Es sostenible este modelo a largo plazo? Si nos atenemos a la fortuna de su creador, es posible pensar que el servicio estará en activo durante mucho tiempo, asumiendo él los considerables costes de mantenimiento del producto, pero ¿es realmente fiable a largo plazo un servicio que no es sostenible económicamente?

El caso de iMessage de Apple la historia es bien distinta: la firma de Cook pretende cerrar aún más el cerco de sus clientes envolviéndoles con un servicio que funciona a la perfección dentro de los equipos de la casa, pero que es incapaz de comunicarse con usuarios de otra plataforma. Se trata, en definitiva, de una barrera de salida adicional para los que se acomodan dentro de los productos de la casa. Así las cosas, si tuviera que apostar por qué servicio pervivirá a cinco años vista, lo tendría bastante claro.

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