Causa estragos en los Institutos, Yik Yak, la polémica ‘app’ para escribir desde el anonimato @LaAnet #LaAnet_News

Lo típico. Uno entra en los servicios de un bar de carretera y la literatura en la puerta da para todos los gustos, y no siempre agradables precisamente. El anonimato y la intimidad del momento facilitan que cualquier desaprensivo descargue sus frustraciones sobre este improvisado tablón de anuncios.

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Sería posiblemente en alguna visita al servicio cuando Brooks Buffington y Tyler Droll dieron con la idea: ¿por qué no hacer algo semejante en formato de aplicación móvil? Fue en ese momento cuando comenzaron a fraguar Yik Yak, una aplicación social que se está convirtiendo en todo un fenómeno en los pocos meses que lleva en funcionamiento. Al igual que la maltrecha puerta del baño, Yik Yak recoge las impresiones anónimas de los usuarios que posteriormente están accesibles para todas las personas que utilicen la aplicación en la zona. Esta app para el móvil emplea la geolocalización del dispositivo para ofrecer los tablones relativos a la zona en un radio de poco más de 2 kilómetros a la redonda.

Los mensajes son totalmente anónimos y los usuarios no necesitan ningún tipo de registro para acceder al contenido y tampoco para publicar. Este ha sido uno de los elementos que sin duda ha catapultado el número de usuarios desde el pasado mes de diciembre en el que fue lanzada la aplicación. El crecimiento fulgurante no ha pasado desapercibido para los inversores que no han dudado en extender un cheque de 1,5 millones de dólares a este par de emprendedores de apenas 23 años.

Pensada para universitarios
El grueso de la expansión de esta aplicación ha tenido como protagonistas a los campus universitarios de Estados Unidos, y de hecho, Buffington y Droll pensaron inicialmente que la app social estaría muy centrada en las universidades y para disfrute de sus estudiantes: que si qué mal me ha salido el examen o qué resaca tengo tras la fiesta. Cualquier mensaje inocente puede tener reflejo en el tablón y los que más éxito tengan, medido en votos positivos, subirán en la tabla. Salvando las distancias, Yik Yak podría asemejarse a Twitter, sólo que en la primera no es necesario registrarse ni seguir a nadie: basta con estar en una determinada zona para leer los improperios de los usuarios.

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Sencilla, eficaz y divertida, sin embargo los jóvenes emprendedores podrían haber creado un monstruo fuera de control que ahora preocupa seriamente a las autoridades. ¿Qué ha sucedido exactamente? Que el éxito de Yik Yak ha traspasado la frontera de los campus y ha llegado a los institutos, donde el usuario es más inexperto y calibra menos las consecuencias de lo que se escribe, recordemos, de una forma anónima.

El clásico “Ana es una puta” en la puerta del baño se ha convertido en un anuncio público en un área de influencia donde todo el mundo conoce a la afectada y si el insulto es además votado por un número considerable de alumnos, de ofensa pasa a acoso y es aquí donde ya han dado la voz de alarma. En la corta vida de la aplicación y tras su salto a centros donde ha caído en manos de menores (en teoría la edad mínima de uso es de 17 años), han sido demasiados los padres que han contactado con la dirección de los institutos alarmados al descubrir que sus hijos volvían a casa llorando ante la humillación pública de este pequeño monstruo.

Las vejaciones no afectan sólo a las féminas, sino también cobra tintes racistas o de puro bullying contra los más débiles. Los fundadores de la exitosa app se han encontrado con este inesperado disgusto y se han puesto manos a la obra para intentar poner coto al mal uso de la aplicación.

“El problema no es la ‘app’, sino su mal uso”
La ventaja de emplear la localización como base del servicio es que esta puede ser restringida a voluntad de los centros y así han sido varios los institutos que han solicitado ensombrecer el área de influencia en el que se encuentran para evitar males mayores. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Los creadores de la aplicación han reconocido que en su génesis fue orientada a los estudiantes universitarios y que los adolescentes “no están psicológicamente preparados” para utilizarla. En un intento por lavar la imagen de la aplicación, los creadores han recordado que no es la app, sino el mal uso de la misma lo que puede generar problemas, y así destacan cómo en una ocasión y gracias a Yik Yak se consiguió sufragar los costes del tratamiento del cáncer de un alumno de un campus.

Para acabar por aguar la fiesta de esta pareja de jovencísimos emprendedores, varios alumnos han sido detenidos por falsas amenazas de bomba o actos terroristas empleando el servicio. Todo al calor del anonimato, claro, el mismo que ha disparado el éxito de la aplicación, tal y como reconoce Buffington. “Si tienes que crear un perfil de una red social, de alguna manera te cortas más”, explica.

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