El móvil se viste de crisis, pero sigue siendo el rey

“Hemos pasado de tiempos nice [hermosos] de fiesta permanente, en la que todos crecíamos, a tiempos nasty [sucios], de profunda crisis y tenemos que evitar que llegue el momento en el que tengamos que decir: demasiado tarde”. Las palabras son de Francisco Román, el presidente de Vodafone España, uno de los ejecutivos más veteranos del sector, e intentan definir el mal momento por el que está pasando la telefonía móvil, que parecía inmune a la crisis.

El resumen de esa situación es que cada vez hay menos líneas de móvil y los ingresos de las operadoras son menores. En los últimos seis meses, se han perdido 1,1 millones de líneas móviles en el mercado español y la penetración ha caído hasta 118,3 líneas por habitante, un punto menos que hace un año.

Las dos grandes compañías, Movistar y Vodafone, con casi el 70% del mercado, son las más perjudicadas. En lo que va de año, han visto como se fugaban a otras marcas 800.000 clientes y sus ingresos cayeron más del 10% en el semestre. Orange, el tercero en discordia, ha ganado gran parte de esos clientes, pero sus ingresos por móvil solo han aumentado un 1% en el mismo periodo. Y las únicas que parecen a salvo son Yoigo, que ha aumentado un 13% su facturación, y los operadores móviles sin red (OMV), como Pepephone, Masmóvil, Simyo o Jazztel.

La crisis ha tocado de pleno al móvil, el único aparato del que el 90% de los usuarios no se separan más de un metro durante las 24 horas del día, según una encuesta que revelaba esta semana Telefónica. Ahora bien, la crisis del móvil, aunque real, tiene sus peros y no se puede comparar con la de otros sectores directamente ligados al consumo.

El primero de esos peros, es que el consumidor sigue deseando un buen terminal, los llamados smartphones y prefiere ajustar su factura o prescindir de una segunda línea antes que renunciar al último modelo de Samsung Galaxy, de iPhone o de LG. De hecho, las ventas de smartphones crecieron un 26% en el segundo trimestre en Europa mientras que se desplomaron un 30% la de los terminales convencionales, según el último informe de la consultora IDC. Y la situación es muy similar en España.

La segunda precisión es puramente matemática. De ese millón de líneas que se han perdido, aproximadamente la mitad se debe al ajuste que hizo Telefónica entre diciembre y febrero de su base de clientes (al considerarlos inactivos), una limpia que consignó la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones en sus informes a partir de marzo.

El otro gran responsable de esa caída es el descenso de las líneas asociadas a modem-USB, los conocidos pinchos. En este caso, la mala situación económica sí que ha influido en los hábitos de consumo. El usuario se engancha al wifi de su casa o de su empresa, o utiliza la tarifa plan de datos de su móvil, y prescinde del pincho. La consecuencia es que en los seis primeros meses han desaparecido 310.000 datacards (denominación oficial de la CMT).

La infidelidad de los clientes también ha descendido. Las cifras de portabilidad llevan cayendo un año, aunque el descenso ha sido mucho más acusado desde marzo, cuando Movistar y, posteriormente, Vodafone decidieron eliminar las subvenciones a los terminales, el principal reclamo comercial para que un cliente cambie de compañía. De hecho, en junio pasado, último dato ofrecido por la CMT, se portaron 395.700 clientes, menos de 55.000 respecto a junio del año pasado.

Aún es pronto para saber si, como dicen Movistar y Vodafone, eliminar el regalo o la subvención de terminales, que el pasado año costó 2.000 millones de euros a las operadoras, es una buena política comercial a largo plazo. En el balance de la portabilidad en lo que va de año, y según datos a los que ha tenido acceso este diario, son los claros perdedores. Hasta julio, Movistar, perdió 501.197 clientes y Vodafone 295.158. Los beneficiarios fueron Orange, que ganó 233.954, Yoigo, con 214.739, y los virtuales se hicieron con 347.862. El éxito de los llamados alternativos no solo es por sus precios más competitivos sino porque han ampliado su oferta. Los de móviles dan voz y datos. Y los fijos, como Jazztel, ofrecen móvil a sus clientes de ADSL.

El móvil está pachucho. Y las compañías lo están sufriendo, ahogadas además por impuestos (algunos extraterrestres como el canon para financiar RTVE) y miles de regulaciones de las que están exentos otros jugadores como Google y las compañías de Internet. Pero también es cierto que, pese a que el precio del móvil ha caído un 27% en el último año (al cierre del primer trimestre), las operadoras facturaron por servicios 11.027 millones, solo un 8,6% menos. Y aunque, por primera vez, caigan el número de líneas, la mayor parte de ellas son de prepago y de los clientes con menos consumo. El móvil está en crisis pero sigue siendo el rey.

[Via ElPais]

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