Ocho alimentos a evitar si se quiere parecer mucho más joven

Gran parte de las dietas están encaminadas a un único objetivo, que es el de adelgazar. Pero, de igual manera que nos preocupamos por nuestra apariencia en lo relacionado con el peso, deberíamos tener presente que ciertas comidas y hábitos alimenticios pueden repercutir de manera negativa en nuestra apariencia. Por ejemplo, a través del envejecimiento de la piel, la alteración de nuestro rostro o la mera fatiga, que nos hace parecer personas de avanzada edad.

Mucho se ha escrito sobre los alimentos que influyen de manera positiva en nuestro aspecto, pero no tanto sobre los que lo hacen de forma negativa. Diversos estudios han intentado arrojar nueva luz sobre este asunto, así como libros como Diet Myths Busted: Food Facts not Nutrition Fiction (Idyll Arbor) de Ann A. Rosenstein o How Not to Look Old (Springboard Press) de Charla Krupp. Entre otras cosas, estos libros señalan que la edad que los demás perciben en nosotros no depende únicamente de tener más o menos arrugas o del estado de la piel, sino también de nuestro comportamiento: si nos presentamos continuamente cansados, decaídos o pesimistas, podemos llegar a aparentar diez años más de los que realmente tenemos.

Otros factores resultan igualmente importantes, como las llamadas dietas yoyó, término con que se conoce a los regímenes que se abandonan y retoman continuamente y que pueden tener consecuencias graves en nuestro organismo, especialmente cuando superamos la barrera de los seis kilos perdidos y recuperados en un mismo año. Una de las razones es que este tipo de dietas pueden llegar a alterar nuestra configuración facial, y hacernos aparentar una edad mucho mayor. En el mismo sentido, no es nada recomendable perder mucho peso en un corto período de tiempo ni adquirir hábitos negativos como el consumo de tabaco.

La mayor parte de los alimentos que presentamos no deben suprimirse por completo de las dietas, en parte porque son necesarios para mantener una salud equilibrada, y en parte porque es prácticamente imposible encontrar menús donde no se presente ninguno de ellos. Por lo tanto, el objetivo de esta enumeración es evitar el abuso de dichos productos, y compaginar su consumo con el de otros alimentos fuera de toda duda como son las frutas, los vegetales u otros alimentos ricos en antioxidantes.

Azúcar. Tres son las consecuencias negativas de este alimento, del que es muy difícil escapar por completo (algo igualmente poco recomendable). En primer lugar, como puso de manifiesto un estudio de la Universidad de Leiden en Holanda, puede proporcionar a nuestra piel una apariencia más frágil, debido a que mucha azúcar produce la llamada glicación, que daña proteínas necesarias para la reparación de la piel como el colágeno o la elastina. En segundo lugar, porque, obviamente, mucha azúcar nos engorda. Y, por último, las subidas y bajadas de azúcar pueden producir jaquecas o dolores de cabeza.

Sal. Que a nadie se le ocurra dejar de consumir sal por iniciativa propia, ya que es esencial para nuestra vida. Pero superar los niveles recomendables puede llevar a la acumulación de líquidos en nuestro cuerpo, que se puede notar en unas rodillas hinchadas o en unos dedos inflamados, además de interferir en el metabolismo de nuestros huesos. Uno de los alimentos que más sal contienen son los quesos, aunque esta pase casi desapercibida.

Comidas precocinadas. ¡Cuidado con los radicales libres! Estos átomos de tan curioso nombre componen moléculas de oxígeno altamente inestables que buscan recuperar su equilibrio a través del robo de electrones de átomos circundantes. A pesar de que su vida no supera unos escasos segundos, estos radicales generan un gran daño en las moléculas, que a veces puede ser positivo (como cuando luchan contra bacterias o virus), pero, a veces, negativos. Es lo que ocurre cuando destruyen moléculas saludables, en un proceso que acelera el envejecimiento. Son las comidas precocinadas las que presentan un mayor número de este tipo de átomos.

Fritos. Como ocurría con el consumo excesivo de azúcar, tomar demasiados alimentos fritos, al igual que otros cocinados a muy altas temperaturas, como los asados o las barbacoas, favorecen la glicación, considerada como el segundo proceso metabólico más peligroso para el organismo después de la oxidación. Los efectos, los mismos que con el azúcar: piel frágil y arrugada.

Bebidas deshidratantes. Al igual que ocurre cuando estamos cansados, hemos dormido poco o llevamos mucho tiempo sin comer, el consumo de determinadas bebidas como el café, el alcohol o cualquier producto con cafeína pueden hacernos parecer mucho mayores de lo que realmente somos ya que, al deshidratarnos, nuestra piel tarda más en regenerarse. Por otra parte, y con la honrosa excepción del vino tinto, cuando el alcohol es metabolizado por el hígado, se liberan los peores enemigos de la piel, los radicales libres. Una solución alternativa es, aparte de no consumir estos productos, hidratarnos continuamente mediante la ingesta de agua.

Grasas hidrogenadas. Son las grasas que suelen emplearse en la elaboración de productos como palomitas, precocinados como la pizza o en la bollería industrial. Este componente, que no debe confundirse con las grasas saturadas ni con las insaturadas, que también reciben el nombre de grasas trans, ayuda a la conservación de un producto durante un largo de tiempo, pero, al mismo tiempo, contribuye a la generación de radicales libres.

Pasta, cereales y arroz. Recomendados para el ejercicio físico, un consumo excesivo de los carbohidratos presentes en estos alimentos puede ser desaconsejable ya que ocasionan la acumulación de un azúcar que, si no se quema, se convertirá en grasa. Además, hay que recordar los bajones de azúcar que se producen en muchas ocasiones como resultado de un alto consumo de azúcar que no ha ido acompañado del consumo de otros nutrientes, causando fatiga, malestar y depresión.

Dulces. Repletos de azúcar, los dulces no solo son peligrosos por presentar este ingrediente en abundancia, sino porque también presentan un gran número de radicales libres, especialmente en el caso de chocolatinas o caramelos. En definitiva, lo tienen todo.

[Via Cotizalia]

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