“Lo que nos hace buenos o malos no son nuestros actos”

“Vivimos en una sociedad en la que lo que no tiene precio es lo que se descarta y eso es justamente lo importante, lo que no se puede comprar ni vender”, explica a El Confidencial Flavia Company durante una visita a la capital para promocionar su última novela, Que nadie te salve la vida (Lumen). Por denunciar un sistema “perverso” ha decidido escribir esta novela moral, ya que los escritores tienen “un compromiso con el estado de las cosas, y el arte es capaz de hablar de las cosas desde un lugar privilegiado sin renunciar a su esencia”. Es una novela que utiliza el perdón como su tema principal, aunque aborda otros de los problemas cada vez más acuciantes (y atemporales) de la sociedad contemporánea –la venganza, el egoísmo, la identidad– a través de sus protagonistas: el arrepentido crápula Enzo, el brutal y pretencioso Víctor, la joven Berta y el desesperado y romántico Matías, atrapados en un cuento moral con apariencia de thriller.

“El perdón es el lubricante que permite que nuestra sociedad siga adelante, ya sea dándolo, pidiéndolo o buscándolo. Los seres humanos podemos sobrevivir gracias a la piedad, la empatía, la compasión, como quieras llamarlo”, señala la escritora. “El perdón es lo que garantiza la redención de los personajes. Todos necesitamos pedir perdón, todos necesitamos ser perdonados”.

Un Mefistófeles contemporáneo
Es curioso que el perdón, que ha estado vinculado de manera muy estrecha a la religión católica, sea tan importante en una sociedad mucho más laica, como se puede comprobar en los asuntos referidos a la comunicación política, el terrorismo o el crimen. “No relacionaría esta novela con el catolicismo, pero sí con el cristianismo”, señala la autora. “Es decir, no con la Iglesia, pero sí con sus principios, y te lo dice una persona atea. Se puede decir que es una novela cristiana frente al liberalismo. Soy creyente de las cosas que no se ven. Estos valores entroncan con el cristianismo y el humanismo de Erasmo, con la misericordia y la redención”.

Una sociedad enferma que es representada por Víctor, “un Mefistófeles que compra y vende vidas” y que representa la voracidad del liberalismo: curiosamente, se trata del presidente de una entidad bancaria. “¡Una elección totalmente fortuita!”, aclara Company. “Estaba decidido mucho antes de la crisis financiera. Es un individualista neoliberal cuyo único objetivo es atesorar dinero y poder, hasta niveles perversos. La diferencia con Enzo es que Víctor se siente culpable, y la culpa nunca es una manera de aprender, sino que es siempre victimista (“fueron las circunstancias”, “no lo sabía”) y Enzo es responsable de sus actos. Él dice que pudo ‘elegir entre el bien y el mal’, y eligió el mal, por lo que siente remordimientos”. Víctor es un hombre contemporáneo, absolutamente individualista, que busca el interés propio y que no tiene en cuenta a nadie de los que le rodean, ni siquiera a su mujer. Compra gente continuamente, cuando pierde a Enzo, intenta adquirir a la criada”.

Frente a él se encuentra Enzo, el protagonista de la novela, un solterón vividor sin ataduras cuya ausencia de conexiones sentimentales le lleva a cometer un grave error. Y, a pesar de ello, “es el personaje que todos consideramos como bueno, con el que nos identificamos, aunque es el que ha hecho algo terrible. Pero esto demuestra que lo que nos hace buenos o malos no son nuestros actos, sino la manera en que nos enfrentamos a ellos”.

Mirar a los demás para entendernos a nosotros
Flavia Company nació en Buenos Aires, pero ha pasado la mayor parte de su vida en Barcelona. Su experiencia es la del inmigrante, que busca encajar en un mundo que no es el suyo. ¿Es algo necesario para la escritura este espíritu viajero? “Para mí sí, porque me sirve para preguntarme cosas acerca de mí misma. Al final, acabas preguntándote por los seres humanos a partir de tu propia persona. Me interesa transportarme a tiempos distintos, lugares distintos, circunstancias distintas y tener necesidades y prioridades diferentes. Por eso me gusta navegar, porque te enfrentas a circunstancias diferentes. No creo que sea necesario para escribir, pero para mí sí”.

Y cómo se siente, ¿una española nacida en Buenos Aires, o una argentina en España? “No necesito sentirme de ningún lugar, aunque me siento más de aquí. El mundo es tan pequeño que lo que realmente me da rabia es no salir de este planeta, me siento encerrada en este mundo. Creo que uno es de un lugar, es decir, pertenece a un lugar, cuando no puede irse. Y yo del único lugar del que no puedo irme es de la Tierra”.

La identidad es uno de los temas principales del libro, que arranca con una cita de la escritora norteamericana Flannery O’ Connor, cuya personalidad inigualable estaba condicionada por el contexto en el que creció, el sur americano, y con la que Company se siente identificada, ya que “es una escritora moral, como yo”. ¿Qué ha definido la personalidad de Flavia? “Mi mundo verdadero son los libros, más que el mundo real. Mi trayectoria tiene que ver con el viaje y la diferencia, la observación de conductas diferentes en lugares distintos y las dificultades de adaptación a lo que te rodea. Me interesan las reacciones frente a la diferencia, frente al Otro, donde se ponen en juego muchísimas valoraciones morales: cómo te enfrentas al otro, cómo lo marginas, cómo lo aceptas, cómo te adaptas a ello…”.

El precio de la literatura
“El viaje más fascinante del mundo es entrar en la cabeza de otra persona. Me fascinaría ver las cosas desde otro lugar, porque no sólo estamos encerrados en este planeta, en este tiempo, sino que estamos encerrados en nosotros mismos”, señala Company. “No podemos salir de nuestra cabeza, es un drama total. La literatura permite eso”. Y uno de los ejemplos más claros es Crimen y castigo de Fiódor Dostoievsky, la que describe como su “primera gran lectura” a los catorce años, a la que ahora homenajea “porque trata de la condición humana y de la posibilidad de elegir entre el bien y el mal”.

Aunque Flavia reconoce que sí hay ocasiones en las que puede transportarse a otras épocas: cuando escribe literatura infantil. “Vuelvo a cuando era niña y escribo los libros que me habría gustado leer: aventuras, misterios, miedo. Y escribo desde otro lugar, no soy mi yo de ahora sino el de entonces, con lo que sé ahora. Como no intento aleccionar, los niños se divierten, aunque sí hay una transmisión de valores que tienen que ver conmigo misma, como el esfuerzo, la lectura, la amistad o la solidaridad”.

La suya es una literatura donde, formalmente, lo musical tiene una gran influencia, ya que Company es pianista y clarinetista. “Interpretar música sería leer y componer sería escribir, pero la reflexión que exige la escritura es muy distinta a la entrega corporal, física y sentimental que exige la música. El lenguaje literario está mucho más pervertido que el musical, el material con el que trabajamos los comunicadores está tan maltratado que encontrar nuevas fórmulas es complicado”. Quizá por ello mismo, el estilo empleado por la autora sea “esencialista. Me gusta formular lo complejo de manera simple. Intento que el libro se lea rápido y que la reflexión se produzca al final, una vez se ha terminado”.

¿Un futuro negro?
¿Es el sexo determinante para una escritora, a pesar de que el mercado esté copado cada vez por más mujeres? Company muestra su desacuerdo, ya que la mera alusión al problema es discriminatorio de por sí. “Mi editor catalán me decía ayer que en un medio titulaban algo así como ‘las editoriales apuestan por las mujeres’, algo que no se diría nunca con los hombres. Pero se sigue tratando de manera diferente a las escritoras y los escritores, da igual que se publique más o menos. La mujer sigue estando mucho peor tratada. Dicho esto, tengo que reconocer que yo me siento bien tratada, y no tengo ninguna queja”.

Company no se muestra especialmente preocupada por el futuro del mundo editorial, aunque considera que desde un punto de vista económico, no parece especialmente halagüeño. “Sigue siendo exactamente igual que cuando escribí mi primera novela a los 17 años, yo sola enfrentada a la página en blanco. Como mi modo de subsistencia no son mis libros, mi ambición máxima es publicar el mejor libro posible, con la constancia y vehemencia del primer día porque la literatura es la gran pasión de mi vida. De lo que me he dado cuenta es que cada vez es más difícil escribir, te das más cuenta de todo. Pero no puedo hablar por el resto de escritores”.

Cuando se le recuerda el caso de R.J. Ellory, que fue pillado criticando de manera positiva sus propias obras y de manera negativa las de sus competidores, Flavia señala que “ya se hace, ¿no? Los premios están amañados, si no lo compra uno lo hace otro. No nos escandalicemos. Me hace gracia que la gente se rasgue las vestiduras con estas cosas, que son tan frecuentes. ¿Qué diferencia hay entre que un señor se haga sus propias críticas y otro sea amigo del director de un suplemento y le haga una buena
reseña? Las tecnologías son nuevas trampas, antes los alumnos llevaban chuletas en la mano y ahora en el móvil, esa es la diferencia. Siempre habrá personas deshonestas en cualquier campo; qué vergüenza y qué pena y qué tontería”. Company añade que “también es injusto que en las mesas de novedades se favorezca la presencia de los best sellers y no de otros libros que llamen la atención, porque lo que importa es lo que vende. Es un sistema pervertido”.

[via ElConfidencial]

Si te ha gustado este artículo puedes completarlo dejando un comentario o bien puedes suscribirte al feed y recibir las entradas futuras en tu lector de feeds.

Comentarios

No hay comentarios todavía.

Deja tu comentario

(requerido)

(requerido)