Los diez errores que te delatan como un novato tecnológico @LaAnet #LaAnet_News

Apuesto a que en alguna ocasión has descubierto, con cierta sorpresa, que los comensales de una cena se lían a debatir sobre la cosa tecnológica a un nivel que tú no dominas. Como por arte de magia todos saben para qué sirve la memoria RAM, cómo detectar una Retina Display o la mejor página de internet para descargar libros electrónicos sin derechos. Y tú ahí, embobado con tu flamante smartphone, sin cómo saber exponer el origen de sus flamas.

No te preocupes. La tecnología lleva camino de ocupar el lugar del fútbol como materia de la que cualquiera tiene algo que decir. Sin embargo, ciertos comentarios y actitudes delatan el discurso impostado. Estos son algunos ejemplos.

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1. Las recargas completas del móvil
“Yo siempre me espero a que la batería se gaste completamente, porque si no se vicia y funciona mal”. Seguro que lo has escuchado en alguna ocasión, y es una teoría que procede de los años 70. Fue entonces cuando se popularizaron las baterías de cadmio y níquel, que sufren un acentuado ‘efecto memoria’ cuando no se respetan los ciclos completos de carga. Por explicarlo de modo somero, trata de que la batería olvida cuáles son sus límites de carga cuando éstos no se alcanzan en un largo período.

Actualmente todos los dispositivos electrónicos montan baterías de iones de Litio, una tecnología que está libre del ‘efecto memoria’. Miento, lo tiene, si bien es tan nimio que los investigadores han tardado casi treinta años en detectarlo. Teniendo en cuenta que la vida útil de estos aparatos oscila entre los 2 y los 6 años, puedes cargar tus dispositivos como te plazca.

2. Montar (y desatender) una página web
Decía la semana pasada mi compañero Alejandro Domínguez, con gran acierto, que no basta con tener el negocio en internet, sino que es necesario que esté adaptado para dispositivos móviles. Yo voy a ir un poco más allá: no es suficiente con lucir el chiringuito digital, también hay que saber tirar las cañas. Muchos pequeños empresarios encargan al desarrollador de turno una web con los datos del negocio físico y dos o tres productos sin etiquetar. Después se sientan y esperan a que riadas de clientes con una arroba por cara entren en tromba por la puerta.

La presencia en internet de un negocio es parte la estrategia empresarial, y una de las más importantes. La gente visitará tu página si le ofreces algo interesante -periódicamente-, si pueden obtener información más rápido que yendo a la tienda e incluso si pueden comprar online. Conozco a empresarios que no posicionan en Google su página, no exponen el catálogo completo en la red, evitan poner los precios, no tienen a nadie encargado de actualizarla, ni tan siquiera muestran la URL en sus bolsas y tarjetas de visita.

Si todo esto te suena, créeme, es mejor que no digas que tienes una web.

3. Glorificar el almacenamiento
Entre las diversas caracterísiticas que definen a un dispositivo, hay una que llama poderosamente la atención entre los novatos: la capacidad para almacenar datos. Se llenan la boca proclamando que su nuevo smartphone tiene 64 gigas de memoria como si fuera un indicador de calidad mundialmente reconocido. ¿Acaso entienden estas personas la cantidad de fotos, vídeos y apps que tienen que acumular para quedarse sin espacio? ¿Son conscientes de que pueden aumentar la capacidad con una simple -y barata- tarjeta de memoria? De hecho, es la única función del teléfono que puede ampliarse con posterioridad.

Cualquiera que tenga dos bytes de frente sabe que ha de volcar su información cada cierto tiempo a un disco duro externo. ¿Por qué? Porque nunca está a salvo en un dispositivo que se lleva a la calle, que soporta golpes, líquidos e inclemencias meteorológicas, cuando no es pasto de los mangantes.

La memoria de un móvil, tablet o portátil es más bien de trabajo. Es preciso alcanzar el mínimo según las necesidades de cada uno, ni un mega más. Los archivos que no se usan ralentizan el rendimiento del disco y se han de guardar en el armario de la ropa de invierno.

4. El manejo del ratón
Puede parecer ridículo, pero se sabe mucho de los hábitos tecnológicos de una persona viendo cómo maneja el ratón. Esta prueba sirve sobre todo para delatar a novatos. Hay decenas de errores comunes. Están los que no apoyan la palma de la mano sobre el artefacto, sujetándolo así, con tres deditos, como si en algún momento fuese a soltarles una descarga. Otros lo mueven muy despacio, mirando incluso el movimiento de la mano, asustados porque el cursor salga de la pantalla y no se pueda recuperar.

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5. Facebook, diario personal
En pleno boom de las redes sociales, algunos de mis amigos se negaron a participar en el experimento. Esgrimían razones del tipo de “¿para qué quiere alguien saber qué estoy comiendo, con quién salgo y cuándo voy al baño?”. En su momento me pareció un hábil alegato en favor de su privacidad, cuyo menoscabo es endémico a la presencia en una red social.

No obstante, muchos de estos elementos han terminado por ceder y sumarse a la marea conectada. Y son precisamente los que más caen en el error de explicar dónde están, hacer una foto a su intrascendentísimo plato y revelar, de paso, que la cena es en honor de Fulanita, que cumple ya 50 añazos.

En términos de luserismo tecnológico, no hay nada más elocuente que un perfil abierto de Facebook en el que se puede navegar a través del último año de un individuo, con ilustraciones y comentarios del director incluidos.

Una vez le pregunté a un carnicero británico que de qué estaban hechas las salchichas envasadas. “I don’t know, then, assume the worst”, me respondió. La cita me sirve para controlar la dispersión de mi información personal en internet. Cuando no estoy seguro de a cuántos va a llegarles un mensaje, asumo lo peor.

6. El ‘Big Data’, el ‘Cloud Computing’ y sus compinches
Una manera eficaz de exponer la propia ignorancia es demostrar un conocimiento limitado. Durante el último año, no pasa un sarao del sector sin que alguien mencione los mantras modernos, que ahora vienen a ser el cloud computing y el big data. “Esos datos están en la nube” o “IBM está apostando fuerte por el big data” dicen, esperando vanamente a zanjar la conversación con estas palabras. Otras acepciones como “plataforma” o “web semántica” también les erectan lo suyo.

Tan dulce conclusión no suele darse entre personas interesadas, sino que es más común que, a la primera pregunta, el del Big Data demuestre que no sabe más que eso, pronunciar la palabreja. ¿Por qué lo has mencionado, si no sabes de qué va el tema? Yo, que no sé ni cuántas ruedas tiene un Fórmula 1, intento no sacar a la palestra el espinoso tema del kers, (si es que eso todavía existe). Probablemente lo que buscan es impresionar a alguien más novato aun, si bien a los demás les va a saltar un piloto rojo.

7. Una clave para todo y una pregunta para todos

- ¿Cuál es la contraseña de tu correo de la universidad?
- Juanita33
- Qué rápido la has recordado, ¿sigues usando este correo?
- No, es que tengo la misma clave para todo

La relación de una persona con sus claves es tan decisiva como la que mantiene con las llaves de su casa. Si uno las pierde, conviene que otros no puedan abrir hasta el diario de la adolescencia. Cuando comprometes una clave, y es mucho más a menudo de lo que crees, dejas una puerta abierta a tu intimidad y, lo que es peor según la ética imperante, a la gestión de tu cuenta bancaria. Del mismo modo que no invertirías todos tus ahorros en un solo valor, tampoco lo has de hacer con tus passwords. Diversificar el riesgo es clave.

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Una versión todavía más perversa es la de aquellos que utilizan preguntas de seguridad bochornosas. Sí, de acuerdo, la pregunta ha de ser sencilla de recordar, pero “nombre de mi perro” o “en qué calle vivo” es pecar de incauto. ¿Cuántas personas conocen estas respuestas? ¿Todos tus familiares, amigos, ex parejas y compañeros de trabajo, quizá? ¡Pero si lo dices en tu perfil de Twitter! Tampoco es buena idea establecer una respuesta numérica y privada, tipo “¿cuánto mide mi pene?”, porque el ensayo-error es muy goloso, y más cuando el acierto tiene un doble premio.

8. El portátil, en
la mesa

De vez en cuando alguien me comenta que su portátil se apaga sin previo aviso. Antes de que termine ya estoy preguntándole si lo sostiene sobre las piernas o el sofá o la cama. Os sorprendería la de personas que me miran como a un telépata.

Sostengo que una de las claves del rendimiento en los equipos es la refrigeración. Los componentes informáticos -todos, siempre- tienden a recalentarse, y cuando alcanzan temperaturas críticas funcionan peor y fallan. En los ordenadores portátiles la situación es peliaguda, porque la falta de espacio y la proximidad entre piezas fomentan un paraje semejante al infierno que se describe en la Biblia. Sucede, además, que la pobre refrigeración de estos dispositivos se canaliza normalmente en la base, de modo que taponarla no es la mejor de las ideas.

Más allá de cómo valoren los médicos eso de aplicar aire a 80 grados sobre las piernas, hay un motivo detrás del apagado súbito: que está a punto de quemarse tu ordenador.

9. Vivir en la burbuja de Apple
A los reclusos de la manzana se les reconoce porque siempre buscan tierra fime. Cuando ven un teléfono blanco preguntan si es un iPhone, cuando se enfrentan a Windows lamentan que no sea “como el Mac”, cuando hablan de una noticia recuerdan que estaban “leyendo en el iPad”… ya sabéis a quienes me refiero.

Bien, no se puede negar que Apple se ha erigido en símbolo de la modernidad y saber estar, pero eso no tiene mucho que ver con la tecnología. Cada año salen cientos de nuevos modelos de móviles, tabletas, procesadores, pantallas o videojuegos. Apple no acostumbra a lanzar más que cinco o seis productos al año. Entiende que, aunque los tengas todos, no posees una muestra representativa de la actualidad tecnológica.

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Para colmo, Apple hace lo imposible por no complicar a sus clientes con jerga técnica. En su argumentario se arremolinan términos como “belleza”, “color”, “diseño” y “sencillez”, pero necesitas hacer unos cuantos clicks para saber si el dichoso aparato soporta LTE.

En resumidas cuentas: ¿es Apple una marca tecnológica? Sí. ¿Es Apple una marca que consuman los tecnólogos? No siempre. Cuando tu discurso pasa una y otra vez por las cosas de la manzanita, cantas.

10. Pinchar en los virales falsos
Como a los pilotos, sería interesante juzgar a los internautas según sus horas de navegación. Con el paso del tiempo, el navegante mínimamente avezado desarrolla la habilidad de distinguir entre un banner y una fotografía, entre un JPG con texto y uno escrito en HTML, entre la publicidad y el contenido. Llamémoslo el cibersentido. En éstas, cuando al revisar Facebook se nos cruza la imagen de una muchacha a medio vestir bajo el titular “el descuido más espectacular de (inserte aquí el nombre de la cantante del momento)”, es habitual que nos salte el cibersentido. Cual Pepito Grillo, nos dice: “Cuidado, es un viral falso. Míralo, ni siquiera dice de qué página proviene. Si pinchas no verás nada y, además, se publicará en tu perfil el mismo anuncio”.

Es éste el más funesto de los errores en internet. En un solo segundo, tus contactos comprenden no solo que desconoces los códigos de internet, sino que eres de los que ven tetas en horario de oficina. Para bingo es que la chica sea más joven que tu hija, o que denote una orientación sexual inesperada para tus contactos.

Mas no te avergüences todavía, que el viral falso ya está en tu muro y no faltará quien se sume a tu causa.


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